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    • CommentAuthorBrujis
    • CommentTimeJul 2nd 2008
     
    La fascinación que algunos científicos han sentido por estas "casualidades" ha dado lugar a diversas teorías sobre su sentido y el papel que juegan en nuestras vidas. A principios del siglo XX, el biólogo austríaco Paul Kammerer se sintió tan atraído por lo que llamó "coincidencias seriales" que coleccionó durante veinte años cientos de ellas. Se trataba sobre todo de hechos que tienden a presentarse en secuencias y que él definió "como una recurrencia coherente de cosas o acontecimientos similares que se repiten en el tiempo o en el espacio sin estar conectados por una causa activa".

    Algunos son tan comunes que la sabiduría popular ha inventado refranes para describirlos, como "hablando del rey de Roma, por la puerta se asoma", "no hay dos sin tres" o "el mundo es un pañuelo". Un ejemplo aportado por Kammerer nos bastará para ilustrar este tipo de "casualidades". El 18 de septiembre de 1916, su esposa esperaba turno en la consulta del médico cuando, al hojear una revista, quedó impresionada con el trabajo de un pintor llamado Schwalbach y pensó en comprarle algún cuadro. En aquel momento entró la recepcionista y preguntó: "¿Está la señora Schwalbach?, la llaman por teléfono".

    ¿Quería decir esto que la señora Kammerer haría bien invirtiendo en la pintura de ese artista? Las coincidencias guardan sus mensajes celosamente, en general, sólo pueden ser interpretadas por la persona que las experimenta y ésta nunca sabrá con certeza cuál es su significado. En cualquier caso, Kammerer vio en este fenómeno la manifestación de fuerzas inexplicadas en acción, e incluso escribió un libro, La ley de la serialidad, en el cual afirmó que dichas fuerzas posiblemente actúan de acuerdo con un principio universal de la naturaleza, tan fundamental y desconocido como la gravitación universal antes de ser descubierta.

    Este principio físico operaría, según él, independientemente de la ley de causa y efecto y nos llevaría "directamente a la imagen de un mundo caleidoscópico que tiende a reunir siempre los factores semejantes".

    El asombro y desconcierto que producen las coincidencias recurrentes también queda patente en las historias en las cuales se "repite un hecho", como la sucedida a los actores Michael Caine y Charles Chaplin. Ambos nacieron en Kensington, un barrio del sur de Londres; y, en las dos únicas ocasiones en que Caine sintió nostalgia de su antiguo barrio y decidió visitarlo de incógnito, se encontró "casualmente" con Chaplin, que también estaba dando un paseo nostálgico.

    Existen historias aún más raras, denominadas "salto en el tiempo", como la que ilustra la experiencia del chófer de autobús británico D. J. Page. Durante la II Guerra Mundial, éste vio como su correspondencia era entregada por error a otro hombre llamado también Page y cuyo documento de identidad tenía el número 1509322, mientras que el suyo era el 1509321. Tiempo después de terminar la guerra, Page fue a reclamar a Hacienda los excesivos impuestos deducidos de su salario. Y comprobó que habían confundido su nómina con la de su viejo "amigo desconocido" Page, cuyo número de carné de conducir era curiosamente 29222, mientras el suyo era 29223.

    La "resonancia" se produce a veces de forma espectacular entre personas muy distantes. Es el caso de dos gemelos de Ohio cuya historia fue relatada en 1980 por el Reader ‘s Digest. Tras ser adoptados por familias distintas y vivir alejados durante 39 años, se conocieron y descubrieron que los dos se llamaban Jim; ambos habían estudiado diseño industrial; se casaron con mujeres llamadas Linda y tuvieron hijos llamados James; se divorciaron y se volvieron a casar con mujeres llamadas Bety y, por si fuera poco, cada uno tenía un perro llamado Toy. ¿Quiere decir esto que los gemelos permanecían unidos a través de la distancia por un hilo tan sutil como desconocido?

    Este caso es incluso mucho menos extraño que la exacta predicción que los ficticios astrónomos de Liliput, país que Swift inventara en Los Viajes de Gulliver, hicieran de la órbita y el diámetro de los satélites de Marte, un siglo y medio antes de que éstos fueran descubiertos. Asimismo, en 1838 Poe describió, en Las aventuras de A. Gordon Pym, el fallecimiento de un grumete llamado Richard Parker, devorado por los supervivientes de un naufragio. Y, en 1884, el periódico The Times relataba la muerte de un grumete del mismo nombre y en idénticas circunstancias que las imaginadas por el escritor.